domingo, 1 de octubre de 2017

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     Cuenta una leyenda que fueron cuatro los Reyes Magos. Tras haber visto la estrella en Oriente, partieron juntos llevando cada uno sus regalos de oro, incienso y mirra. El cuarto llevaba vino y aceite en gran cantidad, cargado todo en los lomos de su camello. Tras varios días de camino se internaron en el desierto. Una noche les sorprendió una tormenta. Todos se bajaron de sus monturas y, tapándose con sus grandes mantos de colores, trataron de soportar el temporal refugiados detrás de los camellos, arrodillados sobre la arena. El cuarto Rey buscó amparo junto a la choza de un pastor. Por la mañana aclaró el tiempo y todos se prepararon para recomenzar la marcha, pero los Magos habían quedado divididos y Artabán no aparecía por ninguna parte. Mientras, nuestro cuarto Rey se encontraba frente a un gran dilema al ser requerido por el anciano. Si ayudaba al buen hombre con sus asuntos se retrasaría de la caravana y no podría ya seguir con sus camaradas; él no conocía el camino, y la estrella no daba tiempo que perder. Pero, por otro lado, su buen corazón le decía que no podía dejar así a aquel anciano pastor. ¿Con qué cara se presentaría ante el Rey Mesías si no ayudaba a uno de sus hermanos?      

6 comentarios:

  1. Aunque la idea de un cuarto rey mago no es nueva, si es del todo original el enfoque y las peculiaridades del cuarto rey mago que Adrián nos presenta. Cuando nos adentramos en algunos detalles de la novela o de algunos de sus personajes, es fácil percatarse de la extraordinaria urdimbre que el autor compone manejando datos históricos, geográficos, filosóficos o teológicos, algo que solo puede hacerse si previamente se ha dedicado tiempo al estudio de estas materias.
    Comprobamos que el Artabán de Adrián, que no tardaremos en hacer nuestro, es un rey sabio pero humilde que lo tiene o lo puede tener todo, pero que sin embargo no duda en dejar sus privilegios y lo que posee, para tratar de encontrar a quien sabe que dará sentido a su vida.
    El Evangelio de San Mateo al referirse a los Magos venidos de Oriente, recoge que tras visitar al niño Jesús y dejar sus presentes y tras ser “avisados en sueños que no volvieran a Herodes, regresaron a su país por otro camino” (Mt. 2,12). Pronto comprobamos que Artabán no lo tiene fácil cuando intenta reunirse con sus tres compañeros. Sin embargo lo que finalmente ofrece a Jesús es mucho más valioso que el oro, el incienso y la mirra.
    Nos encontramos en unos tiempos difíciles de cierto pesimismo en el que la ilusión y la imaginación no pasan por su mejor momento, donde los acontecimientos realmente penosos, tal y como hemos oído decir en tantas ocasiones, superan a la ficción. Pero… ¿por qué no suponer, como lo ha imaginado Adrián, que pudo existir un cuarto rey que “no cogió por otro camino” sino que se enfrentó a las situaciones más difíciles, no para obtener algo, sino para dar lo único que al final le quedó? Comprobaremos, al leer la novela, que mereció la pena.
    Cuando en la mañana del 6 de enero recojamos los zapatos en los que siguiendo la tradición han dejado nuestros regalos Melchor, Gaspar y Baltasar, sería bueno que dejásemos algunos de estos zapatos preparados, no tanto en algún lugar de la casa como en algún rincón del corazón. Sin duda alguna, si así lo hacemos, cualquier día de los restantes 364 del año el cuarto rey, Artabán, dejará en ellos algo de aquel tesoro que tanto le costo encontrar.
    Gracias a Adrián Sosa por regalarnos este relato y te animamos a que sigas escribiendo y regalándonos historias como las de Artabán, el cuarto rey.

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  2. Muchas gracias por su aliento y por su enriquecedora visión

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